¿Quiénes somos?

Trabajamos en prevención y promoción de la salud mental de manera gratuita y está dirigido a las personas afectadas por los distintos trastornos de ansiedad: Pánico, distrés, fobia, depresión, como así también a los familiares de estos enfermos y también a todas aquellas personas que quieren prevenir estas enfermedades y mejorar su calidad de vida.. En la ciudad de Santa Fe depende de la Pastoral de la Salud Arquidiocesana, pero es abierta a todos los credos. Está a cargo de los asesores P. Hillmar Zanello, y P. Ricardo Coscio y un valioso equipo interdisciplinario conformado por coordinadores voluntarios y profesionales que ayudan en esta tarea de contener y aliviar de manera desinteresada y gratuita al herido psíquico y a sus familiares.

13 feb. 2012

LA COMPASION en la curación del leproso...

        Mc 1, 40-45 Y vino hacia él un leproso que, rogándole de rodillas, le decía:
        —Si quieres, puedes limpiarme.
        Y, compadecido, extendió la mano, le tocó y le dijo:
        —Quiero, queda limpio.
        Y al instante desapareció de él la lepra y quedó limpio. Enseguida le conminó y le despidió. Le dijo:
        —Mira, no digas nada a nadie; pero anda, preséntate al sacerdote y lleva la ofrenda que ordenó Moisés por tu curación, para que les sirva de testimonio.
        Sin embargo, en cuanto se fue, comenzó a proclamar y a divulgar la noticia, hasta el punto de que ya no podía entrar abiertamente en ninguna ciudad, sino que se quedaba fuera, en lugares solitarios. Pero acudían a él de todas partes.



Buenos días, amig@

Seguimos en el contexto inmediato de la descripción de un sábado en Cafarnaún (Jesús actúa con una "autoridad" que asombra a todos). Marcos, con esta forma de redactar, busca transmitir un mensaje completo desde distintos ángulos. El fragmento de hoy es el final de esa jornada con la descripción de la curación de un leproso.

Sabemos que la lepra era una enfermedad que conllevaba la exclusión social, no podían convivir con el resto del grupo; también, significaba desde lo religioso, la impureza para el portador y para quienes los tocaran. Y, no olvidemos cómo la "enfermedad" presentaba para los hebreos el castigo a los "pecados" impuesto por el mismo Yhavé. Los capítulo 13 y 14 del Levítico están dedicados al tema de la lepra. Ahí se prescribe que, una vez declarada la lepra por el sacerdote, "el leproso llevará las vestiduras rasgadas, la cabeza desgreñada y el bigote tapado, e irá gritando: "¡impuro, impuro!". Vivirá aislado y tendrá su morada fuera del campamento" (Lev.13,45-46)

En contra de la legislación imperante, el leproso se acerca a Jesús y, en contra de la misma legislación, Jesús lo toca. El motivo de su actuación es solo uno: la compasión.

¿Qué es la compasión? Es esa capacidad de sentir con el otro, poniéndose en su lugar. Nos estremecemos ante el sufrimiento ajeno. Y ese "co-sentir" lo traducimos en un servicio eficaz para el que padece o sufre. Por tanto, me animaría a decir que la compasión es ese sentimiento profundo de amor hacia el que sufre, buscando aliviar eficazmente su situación a través de la acción.

Reflexionemos unos segundo sobre la compasión

Me parece que este sentimiento se ve favorecido por la experiencia de nuestra propia necesidad, fragilidad o vulnerabilidad. No tengo duda alguna,  que al palpar nuestra propia fragilidad y limitación nos humanizamos. Me parece, que desde ahí, es que en muchas oportunidades se acrecienta nuestra capacidad de empatizar con el otro, sobre todo, si se haya en situación de necesidad o precariedad. Es en este sentido que en muchas oportunidades decimos: el dolor nos humaniza, nos ablanda y sensibiliza frente al dolor ajeno. A partir de ahí, la compasión puede abrirse camino.

Sin embargo, la genuina "compasión" nace de una fuente todavía más honda: la conciencia de una identidad compartida. ¿A qué me refiero?. No somos seres separados que, eventualmente nos ayudamos unos a otros. Todos, constituimos una Unidad, por lo que nadie me resulta indiferente. El bien de los otros es mi bien; su dolor, mi dolor. Al respecto recuerdo aquella frase que le atribuyen a un escritor romano: "Soy humano y nada de lo humano me resulta ajeno". Una cosa es pensarlo y, otra bien distinta, es haberlo experimentado, es decir, vivir en esa conciencia unitaria que nos constituye. Quien ha despertado a esa conciencia no ve su "yo" como si se tratara de su identidad definitiva; se percibe como el Todo, presente en cada una de las formas diferentes (los distintos "yo"-s).

También, creo que la compasión precisa de dos condiciones: una sensibilidad limpia y un afecto liberado. Si queremos "vibrar con el otro" necesitamos que nuestra sensibilidad no esté endurecida, pues de ser así, nuestra sensibilidad estaría aprisionada por el endurecimiento y nuestras "corazas" nos impedirían ser receptivos. También necesitamos liberar el amor. En ocasiones estamos bloqueados, encerrados y demasiado preocupados por nosotros. Todo ello nos impide salir hacia el que sufre. Para vivir la compasión necesitamos aprender a sentir y aprender a amar. Y, ello vale también para con nosotros mismos. 

También, pienso que la comodidad, el miedo y la ignorancia son obstáculos en el camino de la compasión. Sin embargo, si los observamos de cerca, descubriremos que todos ellos no son sino disfraces del "ego". Por lo que podemos concluir que el obstáculo común para vivir la compasión no es otro que la identificación con el "ego".

Tal identificación es, antes que nada, ignorancia (inconsciencia). Se apoya en la creencia, casi axiomática, de que somos seres separados. De esta creencia nacen el individualismo, la egocentración y el enfrentamiento.

El "ego" busca la comodidad porque se rige por la ley del mínimo esfuerzo: apego a lo "agradable" y aversión a lo "desagradable". Tiende a evitar todo aquello que le suponga cambio en sus rutinas o expectativas; busca, por encima de todo, "sentirse bien". Dado que la necesidad del otro me implicaría, el ego tiende a refugiarse en la indiferencia que no es otra cosa que la "ceguera" frente a la realidad, como nos dice el refranero: "ojos que no ven corazón que no siente".

El "ego" es también miedoso. Pues, al creerse un ser separado, tiende a ver todo como "amenaza" potencial. De esta manera aprende a vivirse bajo la ley o el principio defensa/ataque. Esta actitud mal puede compaginarse con la apertura para sentir con los otros. Más bien al contrario, la debilidad ajena suele ser vista por el "ego"como algo ante lo que defenderse -como si temiera el "contagio"- o una posibilidad para atacar.

En definitiva, para poder vivir la compasión, necesitamos cuidar el trabajo psicológico que potencie nuestra capacidad de sentir y nuestra capacidad de amar - a veces, por motivos inconscientes, aletargada -y, simultáneamente, el trabajo espiritual que nos permita liberarnos de la identificación con el "ego".

Para terminar os recuerdo el pensamiento de Maríâ Corbí: Cuando dejo de identificarme con mi individualidad porque comprendo con claridad que no es ella lo que realmente soy, me convierto en el gran río de la existencia y de la vida.

Reflexionemos y vivamos la compasión. Serán muchos menos los que se sientan marginados y rechazados en nuestra sociedad. Habrá menos ghetos de dolor, menos humanidad apartada por la enfermedad física o social. Día a día iremos haciendo realidad la salvación que Jesús nos mostró y testimonió: "..que todos sean uno como como tú, Padre, estás en mí y yo en tí"

Que tengáis el mejor domingo con vuestros familiares, amig@s y conocid@s

Un abrazo

José Antonio Núñez Calero
Psicólogo Clínico. Analista Junguiano.
Psicodramatista. Sexólogo
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